Todos los derechos reservados a Ana Santamatilde.
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Bajo el mismo cielo

Bajo el mismo cielo

“Bajo el mismo cielo” es una muestra fotográfica que recoge, entre numerosos rincones, imágenes que son semblanzas de otros tiempos que dejaron su huella.  Recoge el elemento natural, el nuestro, el que nos pertenece, el que fue de nuestros padres y ahora heredamos. Con un gran sentido de pertenencia a mi tierra pretendo plasmar su belleza, aun a pesar del paso del tiempo y trasmitir, a través de mis imágenes, el valor del respeto . Esta es la esencia de “Bajo el mismo cielo.”

El escritor Javier Menéndez Llamazares escribió el texto de presentación de este proyecto fotográfico.

“BAJO EL MISMO CIELO”

En tiempos de inmediatez y rentabilidades, siempre hay quien levanta la vista y pretende mirar más allá. Ampliar el horizonte y, con él, la visión de un mundo que, por muy reducido y cercano que lo sintamos, jamás debería resultar pequeño.Eso hace Ana Santamatilde cuando captura retazos del paisaje, destellos de la naturaleza, construcciones horadadas por la acción de los elementos… Instantáneas que no captan la fugacidad del presente, sino la lenta deriva del tiempo, la esencia de una tierra labrada por los siglos y por las manos de sus moradores, hasta convertirla en lo que es hoy, en el único de los mundos posibles, sencillamente porque es el que hombres y naturaleza hemos labrado, con nuestros afanes tan contradictorios de destrucción y permanencia.

Así, Santamatilde se acoge al único pasaporte que inmuniza contra cualquier nacionalismo: el amor a la esencia, al olor de la tierra, a la fuerza del mar y el ciclo del agua. A ese pedazo del mundo que llaman Cantabria, que es su terruño y que es a la vez universal, porque quien se asoma a las fotografías de la artista no puede evitar los deseos de empadronarse entre sus muros, junto a sus bahías, sobre sus puentes.

Pero que nadie busque postales promocionales ni artificios engañosos: sobre la belleza del paisaje se superpone la crudeza de la vida, poco antes del deshielo, bajo la furia del oleaje, en la madera avejentada. Sin paños calientes ni falsas excusas, la mirada de la fotógrafa también sabe encontrar algo bello en el simple paso del tiempo, en la lógica sucesión de lo que es natural y nos recuerda nuestra propia caducidad. ¿Acaso no es hermoso el óxido en unos viejos eslabones, o el sonido añejo de las campanas rompiendo el silencio de los valles?

Si hay un valor que transmitir, ese es el del respeto. Cielo y tierra tal vez pasen, pero es lo que heredamos de nuestros padres y lo que, en última instancia, compartimos con todos aquellos que nos precedieron y los que habrán de venir después de nosotros. Nuestro deber sacrosanto es preservar este mundo como lo recibimos. Un entorno que hemos humanizado durante milenios, endulzando su cara más agreste, acomodándolo a nuestras necesidades. Un paisaje que hemos convertido, más que en casa, en hogar colectivo de todos los que lo habitan, pero también de los que pasan fugazmente por ella. Pero en ningún modo debemos de agredir y asediar a una naturaleza que, casi mágicamente, se ha conservado hasta nuestros días.

Cuando pasen esta tierra y este cielo, todavía quedarán un puñado de imágenes que nos recuerden que éste era nuestro mundo, el mundo que tanto amamos. Y gracias a la mirada lúcida de artistas como Ana Santamatilde, podemos aspirar no solo a salvarlo, sino también a que su mundo, su particular arcadia, nos salve a nosotros.

Javier Menéndez Llamazares